25.8.14

paf se acabó

Qué injusto. Hola, abstinencia. Primer día en Corazones Rotos Anónimos. ¿Cómo estás? Y, en realidad, la pregunta es: ¿estás? Y sí, estoy, acá, se me ve físicamente. Hoy me maté de risa en la facultad, fui un poquito más amable que ayer, o al menos traté. Tuve ganas de cocinarme, un poquito tarde igual. No sé, todavía siento que este barco va a haber que moverlo mil años más con un solo remo. El otro se me cayó. A ver, no, está bien, vos no decidiste nada, si lo hubieras hecho esto ya no tendría ni el mínimo sentido que tiene. Qué frase del orto esa de "yo quise, yo traté de cambiar, yo esto, yo lo otro", como si me dieras esperanza o algo así. SI AMAS, AMAS, PUNTO. NO TRATAS NADA. TE PASA. Y a vos se te pasó, no te pasa más. ¿Qué soy yo, una muñequita que nació para recordarte todos los días que me tenés que amar, para convencerte mil veces? ¿Para qué? Mis besos son de papel. Papel de diario, papel glasé. Ya ni ganas de tocar brillantina tengo, mirá lo que te digo.
"Sé que hago mal". Y sí, nene, muy mal. "PERO..." Odio los peros. Pero y la puta madre. Pero y me dan ganas de romperme la cara con un cuter de re contra re mil vidrio. Pero te vas. JÁ. Sigamos. Obvio que esperas que me vaya bien, es más, yo también lo espero, aunque si me dijeras "espero que te vaya mal", te creería más. ¿Tenés sangre en las venas? Decime algo útil en el último mensaje que me vas a mandar. No sé. Ojalá no te enamores de nuevo, ojalá no te pise el tren, atate los cordones una vez y revisa dos veces, seguí comprándote esa revista que comprábamos juntos para recordarme... NADA.
Tengo una botellita de tu perfume, no sé si te acordás, era una muestra que me diste hace mil años. Y te juro, te lo juro por Dios que anoche sentía el olor del orto ése. Y mirá que está guardada lejísimo de mi cama, está en una cajita que tiene tres cajones; está en el último, atrás de las revistas. Al pedo. Ojalá lo cambies. No es rico. No me va a gustar nunca más. Porque los corazones se acuerdan de los olores que le hacen mal.
TE QUIERO. TE APRECIO. Yo te quiero gritar y apreciaría que tuvieras mil billones de pesos (o dólares) para irte bien lejos. Pero, no te vayas físicamente nada más, llevate esto que tengo en la cabeza con vos, así yo puedo ser feliz también. Borrame la memoria, total, no me voy a acordar ni de que escribí esto. Y hoy me sentía bien, capaz fue porque dormí tres horas nada más y estoy media grogui. Pero, esto es necesario, es pasarle lavandina al corazón, no te digo que voy a borrar todo (porque es IMPOSIBLE), pero al menos le pongo un poquito de agua oxigenada, un taponcito, un chupete para que deje de llorar por vos.
Chau. Punto. Pero, el punto lo pusiste antes, no pusiste punto final. Y, te cuento, cuando terminé de leer Rayuela, que vos sabías que tanto me gustaba, o capaz me ignorabas porque fue en la etapa de "quiero estar solo, ya no te amo, PREFACIO", entré a un montón de páginas, leí mil tesis y análisis porque el final (leyéndolo de la forma tradicional) me confundía terriblemente. Y todas las páginas me decían que al final, el protagonista se suicida, y yo estaba triste y desesperada por encontrar una puta página que me dijera que no, que no se muere, que vive "triste y reflexivo para siempre, mi Horacio". Y la encontré. Rayuela termina (SPOILER) así: paf, se acabó. Y tres asteriscos/estrellitas. Y en esta página decían que Horacio no se suicida porque el "se acabó" después del "paf" indica que hay vida después de todo y que ése "paf" no era de un cuerpo chocando contra la acera. De lo contrario, si se hubiera suicidado, hubiera acabado: se acabó, paf. O hubiera estado en mayúsculas. Y a mí esa teoría me súper convenció. Estaba contenta, yo sabía en el fondo que Horacio seguía vivo (además, en otro capítulo suelto más adelanto, el vuelve a su depto en Buenos Aires). Bueno, ¿a qué iba? Ah, sí. Vos en tu mensaje me pusiste así: Chau Sin punto, sin coma, sin nada. Y, ya sé, estoy loca. Pero, si yo les contara toooooooooooooooooda la historia que tenemos - o tuvimos - a los administradores de ésa página, ellos/as me dirían que, en realidad, vos no estás dejándome para siempre, si no que es un Chau pasajero, que de acá a quién sabe cuándo vas a volver. Qué se yo. Veamos el vaso medio lleno.
Ah, y perdoname si esto te molesta. Obvio que vas a seguir siendo anónimo y no se me ocurriría por nada del mundo decir tu nombre. Y quizás te incomode que cite el mensaje de texto que me mandaste hoy a la mañana, pero qué querés que haga, nene. A mí me incomoda que te hayas ido, que me hayas dejado sola en un mundo que no hace más que golpearme, que no estés más para escuchar todo lo que aprendo diariamente, que no estés. Que no estés. Te fuiste.
Te fuiste, chu.
Te cuento, por si querés saber de mí, porque yo te chusmeo por Facebook a veces, eso va a ser así de acá a un año, obvio: Estoy pensando seriamente en ir a vivir a San Bernardo y estudiar virtualmente, quizás el año que viene. Quizás empiece a estudiar Chino con una compañera de la facu. Lo más interesante que hice hoy fue sacar 11 bolillas de apuntes y hacerme una mezcolanza de lentejas y arroz y lo que encontré en la heladera. A vos no te encontré por ningún lado, todavía. Qué decepción. No pudiste decirme ése Chau, sin punto, face to face
. (pongamos el puto punto que te costó poner a vos) ................................................................................................................................................................................................................................................. Cuarenta y ocho mil puntos. Me los voy a tatuar, en tu honor.